Un sushi bar llamado Cristo
2, 11 de 2005-11-11 de 2005
Hoy escribo mi crónica tarde, tras una mañana pasada en hacer papeleo.
Ayer os prometí hablar de este misterioso sushi bar y de las precauciones de lavado que tengo que respetar para que mis túnicas filosóficas no contaminen la ropa normal y corriente.
Puede que lo haya soñado después de haber visto el DVD de Lost in translation u otra pelí japonesa, pero creo que en Tokio hay un sushi bar que se llama Jesucristo.
Exquisito por supuesto pero lo bueno siempre se paga. Mejor dicho allí te clavan.
El dueño de este bar está forradísimo ya que su beneficio es casi igual a su volumen de negocios. ¿Algún economista ya me está tachando de ingenua y quiere recordarme la base de la base de los negocios, a saber que el beneficio se obtiene restándole al volumen de negocios los costes de producción?
Pues, no me equivoco. Los costes de producción del sushi bar citado son casi nulos dado que allí el pescado se multiplica bajo la mirada atónita de los cocineros.
¿Y los panes? No, ya que los japoneses no comen pan.
¿El agua se transforma en vino? No, en saké.
¿El dueño camina sobre el agua? Pues sí, y así viaja por el archipiélago sin gastarse un yen ( lo único es que tuvo que comprarse un par de zapatillas anfibias ).
Hablando de Japón y de agua y de cine, os aconsejo una delirante pelí nipona : Agua tibia bajo un puente rojo.
Es de hace 3 o 4 años y la recomiendo a los amantes del encuentro de lo absurdo con lo estético.
Y por el agua me dejo llevar ( otro día os hablaré de mi orisha brasileño ) a la colada.
Os expliqué ayer que tenía en el armario unas túnicas Sócrates - piezas casi exclusivas de ropa inteligente - y que echan unos chorros de cicuta a l@s pesad@s.
Dadas las características de estas prendas, tengo que lavarlas aparte para que su veneno no contamine la ropa normal y corriente en general, y la ropa interior en concreto.
Porque, si es verdad que no me importa echar unos chorros corrosivos a los plastas, no quiero desanimar a cierto chico divertido, sensual y juguetón ( no pido más ) a acercarse, lentamente, a mi ropa interior.
Uf ... ¡qué sexual me he puesto hoy!
¡¡VIVA LA SENSUALIDAD!!
Ayer os prometí hablar de este misterioso sushi bar y de las precauciones de lavado que tengo que respetar para que mis túnicas filosóficas no contaminen la ropa normal y corriente.
Puede que lo haya soñado después de haber visto el DVD de Lost in translation u otra pelí japonesa, pero creo que en Tokio hay un sushi bar que se llama Jesucristo.
Exquisito por supuesto pero lo bueno siempre se paga. Mejor dicho allí te clavan.
El dueño de este bar está forradísimo ya que su beneficio es casi igual a su volumen de negocios. ¿Algún economista ya me está tachando de ingenua y quiere recordarme la base de la base de los negocios, a saber que el beneficio se obtiene restándole al volumen de negocios los costes de producción?
Pues, no me equivoco. Los costes de producción del sushi bar citado son casi nulos dado que allí el pescado se multiplica bajo la mirada atónita de los cocineros.
¿Y los panes? No, ya que los japoneses no comen pan.
¿El agua se transforma en vino? No, en saké.
¿El dueño camina sobre el agua? Pues sí, y así viaja por el archipiélago sin gastarse un yen ( lo único es que tuvo que comprarse un par de zapatillas anfibias ).
Hablando de Japón y de agua y de cine, os aconsejo una delirante pelí nipona : Agua tibia bajo un puente rojo.
Es de hace 3 o 4 años y la recomiendo a los amantes del encuentro de lo absurdo con lo estético.
Y por el agua me dejo llevar ( otro día os hablaré de mi orisha brasileño ) a la colada.
Os expliqué ayer que tenía en el armario unas túnicas Sócrates - piezas casi exclusivas de ropa inteligente - y que echan unos chorros de cicuta a l@s pesad@s.
Dadas las características de estas prendas, tengo que lavarlas aparte para que su veneno no contamine la ropa normal y corriente en general, y la ropa interior en concreto.
Porque, si es verdad que no me importa echar unos chorros corrosivos a los plastas, no quiero desanimar a cierto chico divertido, sensual y juguetón ( no pido más ) a acercarse, lentamente, a mi ropa interior.
Uf ... ¡qué sexual me he puesto hoy!
¡¡VIVA LA SENSUALIDAD!!