Deportes cada vez más complejos ...
1, 19 de 2006-09-19 de 2006
Iba a escribir un post sobre el (tercer) ojo del nuevo huracán islamista - no más ni menos que Pepe Ratzinger - pero tanto el último comentario de dyingwish en el post anterior como la victoria del motorista español Álvaro Bautista en la categoría 125 cc y “nuestra” medalla de bronce en el mundia de hockey me llevan a volver a hablar de deporte.
Supongo que el Papa puede esperar. ¿Vale el Papa la espera? ¿y una misa?
En el post anterior, establecía las bases de un deporte del porvenir : el baloncestopie.
Añadamos ahora al baloncestopie unos componientes nuevos : pongamos a Álvaro Bautista en la pista, que tiene que dar vueltas con su moto sin atropellar a nadie so pena de tarjeta roja, cambiemos el suelo por un cespéd recién cortado (con unas matas de marihuana – maconha en portugués, obrigada – esparcidas por allí para el cachondeo y también para dificultar la carrera de nuestros deportistas) y cambiemos de vez en cuando las canastas por unas porterías de hockey (sólo en los años bisiestos).
¿Cómo se llamará ese deporte tan espectacular? ¿baloncestomotohockeypie?
Y ¿cómo lo llamaremos si pongamos también en la pista a Fernando Alonso con su futuro coche de la “scuderia” Mercedes y a Rafa Nadal haciendo passing shot?
¿Baloncestotenismotohockeyformulaunopie?
Uf, es una palabra tan larga que parece un neologismo alemán.
Ahora bien, mi querido dyingwish (que estuvo a punto de ganar el título de antitomcruise y cuya voz siempre escucho) nos recuerda que para un deporte triunfe, hay que añadir unas cuantas mujeres que enseñen las tetas (de silicona, me fijo) y hombres que den una paliza a un inmigrante en la puerta del evento.
Equiparar la testosterona con la progesterona, para decirlo de otra manera.
Sentido de la observación, sí lo tienes, dying.
Ahora entiendo por qué el minigolf - un deporte que defiendo (como saben los lectores asiduos de este blog) tanto por razones estéticas como ecológicas - aún no ha triunfado.
¿Qué hacer? ¿pedir a unos macarras desocupados que peguen a unos guiris con calcetines, sandalias e inminente cáncer de piel en la puerta de un minigolf de la Costa del Sol?
Lo de las tetas, en cambio, es mucho más fácil y voy a pedir a todos los diseñadores de minigolf que conozco (una profesión en auge) que cambien los molinillos, puentes y faroles de yeso que suelen adornar los recintos de ese noble deporte por estatuas de Yola Berrocal (spanish/hortera touch), Paris Hilton (yanki/hortera touch), Brigitte Bardot (glamour français atemporal), Paz Vega (onda playera andaluza), Shakira (sexualidad libanesa/latina, doblemente bomba sexual) y - ¿cómo no? - una estatua gigante de Montserrat Caballé, para que triunfe la verdadera voluptuosidad (y también para que los lectores catalanes no se sientan discriminados).
Hablaré de Pepe Ratzinger mañana.
¡¡VIVA EL DÚO SHAKIRA/MONTSERRAT CABALLÉ!!
Supongo que el Papa puede esperar. ¿Vale el Papa la espera? ¿y una misa?
En el post anterior, establecía las bases de un deporte del porvenir : el baloncestopie.
Añadamos ahora al baloncestopie unos componientes nuevos : pongamos a Álvaro Bautista en la pista, que tiene que dar vueltas con su moto sin atropellar a nadie so pena de tarjeta roja, cambiemos el suelo por un cespéd recién cortado (con unas matas de marihuana – maconha en portugués, obrigada – esparcidas por allí para el cachondeo y también para dificultar la carrera de nuestros deportistas) y cambiemos de vez en cuando las canastas por unas porterías de hockey (sólo en los años bisiestos).
¿Cómo se llamará ese deporte tan espectacular? ¿baloncestomotohockeypie?
Y ¿cómo lo llamaremos si pongamos también en la pista a Fernando Alonso con su futuro coche de la “scuderia” Mercedes y a Rafa Nadal haciendo passing shot?
¿Baloncestotenismotohockeyformulaunopie?
Uf, es una palabra tan larga que parece un neologismo alemán.
Ahora bien, mi querido dyingwish (que estuvo a punto de ganar el título de antitomcruise y cuya voz siempre escucho) nos recuerda que para un deporte triunfe, hay que añadir unas cuantas mujeres que enseñen las tetas (de silicona, me fijo) y hombres que den una paliza a un inmigrante en la puerta del evento.
Equiparar la testosterona con la progesterona, para decirlo de otra manera.
Sentido de la observación, sí lo tienes, dying.
Ahora entiendo por qué el minigolf - un deporte que defiendo (como saben los lectores asiduos de este blog) tanto por razones estéticas como ecológicas - aún no ha triunfado.
¿Qué hacer? ¿pedir a unos macarras desocupados que peguen a unos guiris con calcetines, sandalias e inminente cáncer de piel en la puerta de un minigolf de la Costa del Sol?
Lo de las tetas, en cambio, es mucho más fácil y voy a pedir a todos los diseñadores de minigolf que conozco (una profesión en auge) que cambien los molinillos, puentes y faroles de yeso que suelen adornar los recintos de ese noble deporte por estatuas de Yola Berrocal (spanish/hortera touch), Paris Hilton (yanki/hortera touch), Brigitte Bardot (glamour français atemporal), Paz Vega (onda playera andaluza), Shakira (sexualidad libanesa/latina, doblemente bomba sexual) y - ¿cómo no? - una estatua gigante de Montserrat Caballé, para que triunfe la verdadera voluptuosidad (y también para que los lectores catalanes no se sientan discriminados).
Hablaré de Pepe Ratzinger mañana.
¡¡VIVA EL DÚO SHAKIRA/MONTSERRAT CABALLÉ!!